10 años después …

Hola Almaceneras, ¿cómo andan? arrancamos el mes más movido, en cierta forma, algunos comienzan la escuela, la universidad; otros retoman su rutina de trabajo o de estudio, de a poco el verano nos va diciendo adiós.
En el post de la fecha nada tiene relación con las tendencias, el maquillaje o el mundo de la moda, bah un poquito sí … amanecí con ganas de compartir el siguiente texto y de alguna manera anunciar de manera ‘original’ que en unos días arranco a estudiar Diseño de Indumentaria.

[Los que saben la historia, obvien esta parte]

Todo esto transcurrió, allá por el año 2007 (para ser exacta), cursaba el último año de la secundaria. A parte de pensar en la fiesta de egresados, el viaje a Bariloche y el chico que me volvía loca (EN ESE ENTONCES, jaja) también me preocupaba ¿qué iba a seguir después de terminar la escuela?! Había dos carreras en mente, Bioquímica o Diseño de Indumentaria, básicamente el agua y el aceite ¿no? la primera estaba relacionada a la orientación que escogí pero la otra, brotó de la nada.
A mitad de año, no recuerdo bien si fue antes o después del viaje a Bariloche (eso fue en el mes de Octubre) nuestra preceptora nos comenta que la escuela iba a ofrecer un taller sobre Orientación Vocacional, creo que eran cuatro/cinco encuentros. Luego de responder miles de preguntas en múltiple choice llegá el último encuentro, donde nos entregan los resultados y ahí viene la sorpresa de Mariana; en base las carreras afines a mis intereses se debatían entre el arte, la comunicación y la docencia.
A pocas semanas de esto, asisto con un grupo de amigas a la muestra de carreras, entre los miles de stands, allí estaba … el instituto donde dictaba la carrera, feliz de la vida un poco más me tiraba encima (bueno, no tan así) averigüe todo y sí, estaba decidida en ser diseñadora, también, recuerdo que pasé por el stand del instituto donde se recibió mi hermano de periodismo, tampoco descartaba esa opción. De regreso a casa, en el auto con papá, me dio el visto bueno a todo esto, si bien en ese momento era ‘costoso’ pagar un instituto privado, tenía la misión de buscar un trabajo de medio tiempo para poder costear los gastos de materiales, fotocopias y pasajes; solamente ellos pagarían la matricula y cuota mensual pero (siempre hay un pero) faltaba la opinión de mamá … que no vio con buenos ojos mi brillante carrera ni tampoco estudiar periodismo (tampoco fue un momento correcto para decirlo). Con esto no quiero dejar en evidencia que ella era la mala de la película pero en algo tenía razón, debía esforzarme para demostrar que deseaba con todo mi ser estudiar esas carreras..lamentablemente, estaba yendo PÉSIMO en la escuela, sumado a la edad que tenía (17 años) escuchar un NO era lo peor que me podía pasar, toda mi vida fue basada en un SÍ, acompañada de mis caprichos para obtenerlo y no tuve mejor idea que rebelarme contra la sociedad misma y mandarme toooooooooooodas las macanas habidas y por haber; a modo de conclusión, me llevé 8 materias las cuales fui rindiendo después de 3 años, la última materia la rendí mucho tiempo después del nacimiento de Mía (2011). Todo ese tiempo, hice terapia, mucha, no sólo por cuestiones personales sino también por el miedo al futuro, necesitaba uno … ya no estaba sola. Débora, mi psicóloga, en una de las tantas sesiones que tuve, me realiza el test vocacional; otra vez múltiple choice, dibujos, preguntas y respuestas. ¡SORPRESA! el resultado se volvía a repetir, se sumaba una carrera más, Recursos Humanos, algo que no me desagradaba pero tampoco era que me moría de ganas de serlo … Al poco tiempo, aparece la oportunidad de estudiar Periodismo (alentada por varios conocidos y por mi familia) y me animé, con la idea de esto, lo que leen: tener mi espacio para hablar sobre lo que más me gusta y tener la chance, algún día de poder escribir un artículo para Vogue.

Alguien con mucha filosofía y sabiduría me dijo “aprende del pasado pero no vivas en él, déjalo” y sí, debo cometer un ‘sincericidio’, no me arrepiento, de nada, absolutamente lo que viví, el camino que transité, agradezco a la vida por tantos golpes y alegrías a la vez.

Soy una fiel defensora de tener una profesión por vocación. En los tiempos que vivimos, últimamente no sería algo inspirador entre los jóvenes, la mayoría opta por el ‘camino fácil‘. ACLARO: pongo ese título, no es a modo de crítica, si no un punto de vista porque buscan asegurarse un techo, un plato de comida o hacerse cargo de sus responsabilidades; también hay quienes le imponen a sus hijos que sigan o cual carrera por legado familiar. En mi caso, tanto mis hermanos como yo,tuvimos esa libertad de elección. Mi hermana, la docencia; mi hermano, la comunicación; y quien les escribe, aún a mis 27 años, no logro definirme, quizás multifacética (me gusta más). Y eso que Papá, además de recibirse de Licenciado en Bioquímica, para costearse sus gastos , tuvo su oportunidad de ingresar al mundo de la radio pero por diversas razones, prefirió terminar sus estudios. Aunque mal no le hubiese ido, él es el mejor en cuanto a estadísticas de fútbol/básquet, un libro abierto sobre anécdotas deportivas y una memoria (envidiable); y mamá, no sé si era su deseo, pero le gustaba la idea de ser policía de establecimiento naval porque buscaba de alguna forma independizarse de mis abuelos, aunque no lo consiguió… y sí, eran muy chapados a la antigua.

Hay una imagen inspiradora, que dice “Si te cansas, aprende a descansar, no a renunciar”, eso es exactamente lo que pienso hacer. Amo el oficio de ser periodista pero en los tiempos que corren, donde todo es ego, burla y nunca nada de lo que hagas es suficiente para mantener interesados a tus empleadores… Ahí es donde cruzas un límite dónde te planteas qué estás haciendo; si es lo que verdaderamente quiero trabajar y un sinfín de preguntas sin respuesta alguna.
Hubo varios conocidos que me dijeron “hace terapia, mucha terapia”, no es malo el consejo en algún momento todos necesitamos esa voz imparcial donde no se inclina por el lado blanco o el lado negro, veremos que sucede más adelante pero por el momento …
10 años después de toda esta locura, llega mi turno, cumplir mi deseo. Sueño no, porque eso ya lo cumplí allá en 2015, pero eso es otra historia que algún día les voy a contar.
Nos leeremos en la próxima entrada.
Mariana.

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